.AUn. Una.
Una letra.
Se transforma
y nace en.
Un nombre…
Se transfigura,
lentamente en pequeñas formas,
pequeños latidos, pequeños ojos,
pequeños cielos que me vigilan.
(Ojos que desean ser vigilados)
Muta.
Otros. En otros.
Otros nombres.
Que me persiguen
sin dejar se ser uno.
Sin dejar de ser.
Un nombre…
que.
No solo es Dios, mi dios,
esa esencia todopoderosa a quien le ruego amor,
a quien pido perdón
cuando equivoco caigo preso
en tal o cual
afirmación obtusa,
no solo es aquel que dicta
con cierta perversión mis días
y mis sueños (que ya no son míos),
que se esconde entre los susurros,
se deposita y reina en absoluta soledad
en mi mente,
que se jacta de su tiranía
imponiéndome una infamia de vasallaje.
(Quizás un vasallaje que anhelo)
No solo es Uno y Tres.
Maldita Trinidad de azares infinitos!
No solo es un número perdido
entre los infinitos números que me rodean
(números sin nombre,
sin identidad: inhumanos)
ese resplandor que se destaca
por encima de todo lo superficial,
de todo lo pagano que osa
conquistar nuestros dones,
no solo piensa en mí, exigiéndome
casi sin proponérselo,
pensamientos aduladores hacia su ser.
Pensamientos que repito sin cesar.
No es un EL. Es ELLA.
Solo ella,
solo ella y su nombre.
Su nombre. Un nombre infinito.
Infinito.
Infame…
… me atormenta.
Y amo.
Amo?
-08 de Noviembre de 2009